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Espartaco y la Tercera Guerra Servil.Ejércitos enfrentados: El ejército rebelde (VIII)

Posted by Arcana Mundi



Según nuestras fuentes, en un período de dos años el ejército de esclavos ganó al menos nueve batallas campales y saqueó al menos cuatro ciudades importantes. De hecho, muchos de los primeros esclavos alzados, como lo fue  Espartaco, pudieron haber tenido con anterioridad experiencia militar en los ejércitos de Roma, en las fuerzas de los reyes helenísticos, o luchado como efectivos de los numerosísimos guerreros tribales más allá del limes romano.
Los romanos concedían sabiamente una gran importancia a la instrucción militar profesional, y esto explica en gran parte el éxito formidable de su ejército. Cicerón ya hablaba de que el valor sin instrucción convertía al guerrero romano en  un “activo” desperdiciado.
El objetivo básico de esta capacitación fue dar a las legiones una superioridad clave sobre el “guerrero bárbaro” en la batalla. En esta labor, la batalla campal la legión romana realizaba una labor muy buena. Pese a ello Espartaco no fue un bárbaro cualquiera y su ejército una vulgar horda.
Las fuentes nos recuerdan constantemente que la gran diversidad étnica y cultural de las fuerzas rebeldes llevaba intrínseca una grave debilidad. Sin embargo, este cuerpo heterogéneo de hombres recién liberados de la esclavitud se convirtió en una fuerza de combate sorprendentemente eficaz que demostró en repetidas ocasiones que sus miembros podrían enfrentarse a las disciplinadas legiones de Roma. Espartaco en un principio, a diferencia de Aníbal  no tenía caballería, (y menos aún artillería o flota) pero consiguió hacerse, con el paso del tiempo con unas aceptables unidades de caballería capturando y adiestrando a los caballos que iba consiguiendo en su avance. Sea como sea su fuerza era eminentemente de infantería, (igual que la de romana). Gracias a las seculares virtudes militares de la determinación, la perseverancia, el ingenio, la audacia y el coraje en carnadas todas ellas en Espartaco, éste pudo mantener a su variopinto ejército aglutinado, sobre todo en las jóvenes etapas de la revuelta, evitando de esta guisa ser aplastado.
Naturalmente se podría argumentar que en una masa multiétnica, el idioma como mínimo sería un problema. Sin embargo, en el fondo es ingenuo suponer tal argumento, ya que pasa por alto el hecho de que entre los esclavos y sus amos romanos debió de haber algún tipo de inteligencia. Se debieron de establecer formas básicas de comunicación para que el trabajo fuera llevado a cabo. Con el paso del tiempo el esclavo recién adquirido aprendería el latín, al menos en un grado básico. Por otra parte, en las sociedades esclavistas de la Edad Moderna e incluso Contemporánea se demostró que las barreras lingüísticas entre los esclavos era un problema que podía ser superado, (lenguas criollas), en consecuencia lo mismo se puede presumir para el ejército de Espartaco, donde la lengua franca era probablemente una forma degradada del latín.
Los seguidores de Espartaco fueron principalmente galos, germanos u otros tracios, (Salustio Historiae 3.96. Plutarco. Crassus  8.1, 9.5 y 6. Livio. Periochae 97). Se ha sugerido que los galos y los germanos, junto con los tracios provenían todos ellos del área balcánica. Carne humana traída merced a las victoriosas compañas romanas. Sin embargo, no debemos pasar por alto el comercio de esclavos a Italia de la propia Galia. Este comercio humano fue posible merced a las principales redes de comercio de esclavos, (desde el norte de Europa, las tierras del norte y este del Rin, y las tierras de la cuenca alta del Danubio). Dichas rutas llegaban al Mediterráneo occidental, por el Ródano hasta Arelate, (Arles) Massilia, (Marsella) y otros puertos marítimos de la Galia Transalpina. Obviamente estos esclavos eran principalmente galos y germanos, pero otros provenían de la región norte del Bajo Danubio y el Mar Negro. En la Europa Oriental la principal ruta de comercio de esclavos recorrió Tracia hasta los puertos marítimos de la costa norte del mar Egeo. El hecho de que Tracia fue una encrucijada importante en este tráfico de seres humanos sí que conllevó una facilidad añadida a la hora de desplazar a los cautivos tracios a diversas áreas del Mediterráneo. Es conocido que el número de tracios entre los seguidores de Espartaco era significativo.
Al igual que las dos primeras guerras serviles la mayoría de los esclavos que se unieron a la rebelión, cualquiera que fuese su origen étnico, eran simples jornaleros y pastores agrícolas. Los esclavos agrícolas cultivan cereales, vides, olivos y otros cultivos arbóreos, gentes que trabajaban bajo la estrecha supervisión de los capataces agrícolas. De acuerdo con los manuales de agricultura romana, como ya hemos comentado, el ideal era que los esclavos se desplegasen en cuadrillas de trabajo de 13 a 16 personas. Por una mera cuestión de control y seguridad. Durante la noche, o en momentos que no estaban laborando en los campos, los esclavos eran encadenados y encerrados en cuartos llamados “ergastŭlumo barracas de esclavos. Trabajaban como animales, y vivían hacinados como animales. Aunque en muchas “insulae” los libres de las ciudades también vivían en un estado lamentable.
Las extensiones abiertas del sur de Italia y Sicilia eran más áridas, así que no se podía mantener fácilmente una agricultura orientada al mercado basado en los rentables y extensos “monocultivos”. Por consiguiente, en estas regiones los propietarios de esclavos desarrollaron un tipo diferente de actividades agropecuarias que mezclaba el cultivo de granos con la cría de numerosos rebaños. Bajo el cuidado de los pastores esclavos esos rebaños pasaban el verano en la montaña y el invierno en las llanuras. Obviamente estos esclavos no podían ser limitados con cadenas, o alojados en los “ergastŭlum” cada noche. Tenían que ser libres para seguir los rebaños. Además, tenían que estar armados para proteger a los animales de los depredadores, tanto los de cuatro patas como los de dos.
 En Sicilia, ya antes del inicio de la Primera Guerra Servil los terratenientes romanos animaron muy conscientemente a sus pastores esclavos a practicar el bandolerismo con la propiedad ajena para librar a sus economías de parte del costo del mantenimiento de sus negocios. Allanamientos de morada, hurtos, robos y violencias se convirtieron en moneda corriente en esta áspera isla. Los habitantes indefensos de aldeas y fincas sicilianos se convirtieron en el blanco de actos generalizados de tropelías de toda naturaleza. En consecuencia, Sicilia fue reducida a una isla infestada de bandas de pastores bandidos que merodeaban a su antojo por toda la tierra, Diodoro los definió “como destacamentos de soldados”, (Diodoro 35.2.1). A pesar de las denuncias, los gobernadores romanos dudaron en hacer cumplir la ley ante el hecho de que muchos de los propietarios de estos pastores-esclavos eran figuras prominentes, poseedores de un poder más que considerable. Tenemos pues un factor más a añadir a la lista de responsabilidades por parte del Sistema romano en lo que se refiere al inicio de estas guerras serviles.
La avaricia siempre ha sido destructiva, se trata de algo profundamente egoísta y antisocial, tanto en el siglo I antes de Cristo como en el XXI.
En el año 71 antes de Cristo, fecha en la que la revuelta espartana fue sofocada Cicerón pronunció un discurso póstumo; el Pro Tulio, del cual sólo conservamos fragmentos. No obstante su interés para nosotros es considerable, puesto que Cicerón nos introduce en la salvaje campiña lucana. Aquí hay descripciones relativas a las nutridas manadas, los propietarios y sus esclavos. También trata dicha obra las violencias de las revueltas esclavas. Un conocido de Cicerón de nombre Marco Tulio tenía su casa en la región de Thurii, esta propiedad y sus esclavos acabaron destruidos por una banda armada perteneciente a un tal Publius Fabius.  Sirvan estas descripciones para hacerse una idea de las atrocidades que eran capaces los esclavos sicilianos.
Las dos principales ventajas o activos de estos pastores-esclavos eran su libertad de circulación y la posesión de armas. De las declaraciones de Varrón sobre aquellos pastores en el manual agrícola que publicó en el año 37 antes de Cristo, (ya cerca del final de su larga y prolífica vida) se extraen varios datos. En primer lugar los ganaderos que pastaban el ganado durante períodos prolongados tenían que ser físicamente maduros, los adolescentes eran de poca utilidad para este tipo de trabajo. Hablamos de hombres enérgicos, habituados a las inclemencias del tiempo, el abrupto y en ocasiones traicionero terreno, a las bestias salvajes y a otros hombres hostiles. Se trataba de individuos ágiles, fuertes y con una fuerte adaptación de adaptación.
El potentado Varrón poseía tierra y grandes cantidades de ganado vacuno en ambos extremos de la ruta trashumante Samnio-Apulia. Pues bien, este rico romano opinaba que los íberos no eran los mejores esclavos para las labores ganaderas, prefería mucho más a los galos, (Agricultura. 2.10.4). Este dato tuvo su importancia a la hora de reclutar Espartaco un considerable número de hombres del norte, siempre esforzados y terribles en la lucha.
Así eran estos hombres, personas que aunque esclavas estaban acostumbradas a amplias cotas de libertad y al poder real de usar armas primitivas, sólo eran responsables ante el jefe de grupo, (pecoris magister). Así que a estos pastores-esclavos acostumbrados a confiar en su propio ingenio y recursos en pos de sus obligaciones y supervivencia no les costó mucho unirse a Espartaco. Varrón menciona que el “magister pecoris” era un hombre físicamente fuerte, pero más viejo que el resto, aunque también más experimentado, (Agricultura. 2.10.2).
Pero hemos de añadir algo más.  
Catón mencionó en su tratado de agricultura a un tipo diferente de figura con capacidad de mando, el “vilicus”.  Éstos también eran esclavos, aunque ejercían funciones administrativo-policiales sobre un amplio grupo de esclavos. También solía tener un cierto poder sobre la propiedad de su señor, organizando las finanzas diarias de la granja, la compraventa de materiales, supervisaba el plan anual de trabajo y establecía los detalles de las labores y distribuía la fuerza de trabajo, (Agricultura. 5.1-5). El “vilicus” se podría comparar con el “pecoris magister” puesto que su capacidad de gestión y conocimientos técnicos necesarios para administrar las granjas y haciendas explotadas por mano de obra esclava les capacitaba para el mando. No es de sorprender, puesto que ya tenían experiencia en el control y dirección del trabajo esclavo y conocía muy bien a este tipo de personas. Naturalmente Espartaco también hizo buen uso de estos cuadros, eran personas preparadas para el mando.
         No obstante el núcleo de la rebelión no la formaron ni los “magistri pecoris”, ni los “vilici”, sino hombres que fueron entrenados para aplicar la violencia con técnica refinada, no como soldados, sino como gladiadores. Hombres de espada en mano, hombres de carácter de acero, hombres disciplinados y que sonreían a la muerte. Fue con esta materia prima con la que Espartaco fue capaz de transformar lo que en esencia fue una banda de bandidos aficionados, (entre estos últimos había muchos que buscaban una oportunidad única para realizar incursiones y saqueos) en un ejército operativo.
En un principio las armas de las que dispusieron los sublevados fueron tomadas como botín, compradas o fabricadas con diversa fortuna. Muchos únicamente estaban armados con hoces, horcas, rastrillos, martillos, hachas, y otros utensilios agrícolas que pudieran ser usados en calidad de armas de fortuna. Estas armas improvisadas eran tanto para la defensa como para ataque, naturalmente en su condición inicial la rebelión no estaba en condiciones de despreciar ningún apaño o solución, por muy poco atractiva que esta pudiera parecer.
Gayo Salustio Crispo, (Gaius Sallustius Crispu) en su Historiae, (3.102-103) nos habla de que los esclavos especializados en el trabajo de la cestería y el cuero ayudaron a suplir la falta de armaduras. Crearon escudos y blindajes corporales. Para aquellos que desconozcan el equipo militar de la Edad Antigua decir que el cuero tratado correctamente tiene una capacidad de detención formidable, se trata de un material no muy pesado y muy resistente. Frontino en su Strategemata, (1.7.6) nos proporciona más detalles, diciendo que muchos escudos fueron construidos con ramas de vid y luego cubiertos con pieles de animales. Floro en su Epitome,  (3.20.6) comenta los mismos detalles en relación a los “escudos ásperos”, como él los llama, pero añade que las espadas y puntas de lanza fueron, irónicamente, forjados por herreros que hicieron uso de sus anteriores grilletes y pernos procedentes de las celdas ergastŭlum. No obstante, Salustio en un fragmento referente a la campaña contra Varinius, asevera que los rebeldes necesitaron echar mano a puntas de lanza de madera endurecidas al fuego para poder armar a todos sus efectivos, (Historiae. 3.96). Los detalles exactos pueden variar, pero la información básica es la misma, en un principio los rebeldes tuvieron que equiparse con armas improvisadas.
Los pastores que se unieron a Espartaco estaban, como era de esperar mejor equipados. Estos hombres eran fuertes y poseían una constitución resistente. Estaban acostumbrados a pernoctar en la intemperie, sin importar las inclemencias del clima, las bestias salvajes y los ataques fortuitos. Disponían de lanzas de caza, armas cortas parecidas a los machetes de monte, garrotes nervudos y hondas. Su vestimenta consistía en pieles de lobos o jabalí. Además muchos estaban acompañados por perros guardianes, animales de gran tamaño y sobrada ferocidad. Tales hombres, seres rudos y de piel bronceada por los innumerables días de sol poco tenían poco que perder y mucho que ganar embarcándose en una revuelta y, como dice Plutarco, algunos de ellos, especialmente los que tenían piernas resistentes fueron realmente útiles como exploradores e infantería ligera, (Crassus. 9.3).
Según Apiano, (Bellum Civilia.1.116) Espartaco tenía armas hechas de una calidad u otra para aquellos que se habían pasado a sus filas… según sus cálculos, una fuerza de 70.000 tras la derrota de Varinius. Ciertamente se trató de un importante esfuerzo logístico. Los revoltosos fueron inteligentes, no causaron daño alguno a los artesanos del metal ni a los comerciantes que trabajaban con metales, esto facilitó el acceso a las armas y  a la materia prima. Naturalmente el equipo militar más efectivo y resistente fue el capturado a los ejércitos romanos a los que derrotaron. Este material se entregó a los hombres más duchos en el arte de la guerra.
Por último, debemos hablar del papel de la mujer en el ejército de esclavos.
En la serie Espartaco  aparece un ejército multirracial bien surtido de mujeres aullantes de cuyas bocas brotan toda clase de epítetos picantes. Esta estética tiene más que ver con la naturaleza de la política predominante en lo que concierne a la realización de los guiones, (curiosamente se repiten una serie de pautas básicas en toda clase de películas y series de casi todo Occidente) que con  el deseo de plasmar la verdad histórica.
Cuando Appiano registró que los rebeldes sumaron en un momento dado unos  unas 70.000 almas, se puede deducir que esta abultada cifra suma a un importantísimo número de no combatientes. Antes del inicio de la rebelión, muchos esclavos varones debieron de mantener relaciones con mujeres esclavas, esposas que estaban dispuestas a seguir a sus hombres a la aventura. Cuando Espartaco fue vendido como esclavo con él iba una mujer, tracia como él. Esta esclava le acompañó al “ludus” y en la posterior revuelta. Si hacemos caso a Plutarco esta tracia era una profetisa, (¿una bruja?) iniciada en los cultos esotéricos dionisiacos. Pero por desgracia no sabemos mucho más de ella, y sabemos esto porque Plutarco consideró conveniente comentarlo en sus crónicas, puesto que al parecer la esclava interpretó un sueño de Espartaco en el que éste, mientras dormía, una serpiente se le enrollaba en el cuello sin hacerle daño alguno. Hay que añadir que la serpiente es un animal muy importante en la religión tracia.
Plutarco nos dejó otro comentario relativo a las mujeres. Al parecer, en una ocasión en la que una partida romana se acercó sigilosamente a un campamento rebelde, (hombres al mando de Gannicus y Castus) fueron vistos por dos mujeres. Éstas habrían salido del campamento para ir a una colina cercana para realizar unos “sacrificios rituales”.  Salustio registra el mismo incidente, pero afirma que las dos mujeres galas deseaban ir a la colina para algo relacionado con su etapa menstrual, (Historiae. 4.40).
Sea como sea en el ejército de Espartaco jamás hubo algo parecido a una legión de belicosas chillonas prefeministas de modales prehistóricos.